Fundado en el porvenir Precio: dos reales

The Daily Yesterday

« Todas las noticias de todos los ayeres »

◂ Portada  ·  Edición N.º 47 de 50 24 de junio de 2016
TERREMOTO POLÍTICO EN EUROPA

Gran Bretaña vota irse de la Unión Europea y Cameron renuncia

Contra todos los pronósticos de encuestas y mercados, el 52 por ciento de los británicos eligió la salida en el referéndum de ayer. La libra se hundió a su nivel más bajo en 31 años y el primer ministro, que convocó la consulta seguro de ganarla, anunció su retirada al amanecer.

El Brexit
El Brexit — Tom Evans · OGL 3 (Wikimedia Commons)

Los británicos se fueron a dormir con las casas de apuestas pagando la permanencia como cosa hecha y despertaron en otro país. Con los resultados de madrugada llegando desde el norte industrial de Inglaterra y desde Gales, la salida —el «Brexit», palabra que ayer era jerga y hoy es historia— se impuso por 52 a 48 por ciento, con más de 33 millones de votos emitidos. Por primera vez en sus seis décadas de construcción paciente, la unión que nació para que Europa no volviera a despedazarse pierde a un miembro, y no a cualquiera: a su segunda economía y a su vieja potencia de ultramar.

David Cameron, el primer ministro que convocó el referéndum convencido de enterrar para siempre la disputa interna de su partido, salió a Downing Street a media mañana, la voz quebrada, a anunciar que deja el cargo: «El país necesita un capitán fresco para el rumbo que eligió», dijo un hombre al que el rumbo se le eligió en contra. La libra esterlina cayó a su peor valor desde 1985, las bolsas europeas sangraron, y el mapa del voto dibujó un reino partido en todos sus pliegues: Escocia e Irlanda del Norte votaron masivamente por quedarse, Londres también, y ya se oye en Edimburgo la palabra independencia con energías renovadas.

La campaña fue áspera como pocas en la memoria británica: el bando de la salida recorrió el país en un ómnibus rojo que prometía recuperar trescientos cincuenta millones de libras semanales para la sanidad pública —cifra que los estadísticos oficiales desmintieron sin ningún éxito— y puso la inmigración en el centro con carteles que hasta aliados propios juzgaron indignos. El bando de quedarse respondió con pronósticos de ruina que los rivales bautizaron «el proyecto miedo», y descubrió tarde que el miedo no vota. A una semana del referéndum, el asesinato de la diputada Jo Cox, laborista y europeísta, a manos de un fanático, enlutó la recta final. Votó el setenta y dos por ciento del padrón, más que en cualquier elección en un cuarto de siglo: nadie podrá decir que la decisión no fue del pueblo.

La mañana siguiente dejó postales de país en estado de asombro, empezando por los propios vencedores, que comparecieron con sonrisas apretadas y sin un plan, y uno de los cuales admitió antes del mediodía que lo del ómnibus y la sanidad «fue un error». El buscador de internet registró en Gran Bretaña un pico de consultas que hará las delicias de los historiadores: «¿qué es la Unión Europea?», entre lo más preguntado horas después de haberla abandonado. El mapa de las edades duele mirarlo: los menores de veinticinco votaron quedarse por tres a uno; entre los mayores de sesenta y cinco, seis de cada diez votaron irse. Los que menos años vivirán con la decisión fueron los que menos la eligieron. En Bruselas, los seis países fundadores convocaron reuniones de urgencia: en Francia y en Holanda ya hay quien reclama su propio referéndum, y el temor del continente tiene hoy forma de dominó.

Lo que sigue no lo sabe nadie, empezando por los vencedores, que celebraron el triunfo con visible cara de sorpresa y sin un plan sobre la mesa: el divorcio hay que negociarlo cláusula por cláusula y llevará años. La crónica anota lo que el día deja en limpio: que la distancia entre las capitales y sus provincias se cobró factura, que las encuestas volvieron a mirar para otro lado, y que las uniones entre naciones, como las otras, no se sostienen solas por el paso del tiempo. Europa amanece más chica; Gran Bretaña, más sola; y ambas, bastante menos seguras de sí mismas que anteayer.