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The Daily Yesterday

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◂ Portada  ·  Edición N.º 76 de 164 20 de noviembre de 1910
El día señalado

Llega la fecha fijada por Madero y el norte se alza en armas contra el general Díaz

El Plan de San Luis señaló este veinte de noviembre para el alzamiento nacional bajo la divisa del sufragio efectivo y la no reelección. Aquiles Serdán murió en Puebla adelantándose a la fecha; en Chihuahua se reportan las primeras partidas alzadas.

México se levanta
México se levanta — (Unknown) · Public domain (Wikimedia Commons)

Ha llegado el día señalado. El Plan de San Luis, que corre impreso de mano en mano pese a la vigilancia, fijó para hoy, veinte de noviembre, a las seis de la tarde, el alzamiento general contra el gobierno del general Porfirio Díaz. Su autor, don Francisco I. Madero, prófugo en el norte desde su fuga de esta ciudad, donde estuvo preso, ha declarado nulas las elecciones últimas y desconoce a los poderes constituidos; su divisa cabe en cuatro palabras: «Sufragio efectivo, no reelección». Al cerrar esta edición llegan por telégrafo noticias confusas de partidas armadas en Chihuahua y otros puntos del norte.

La primera sangre corrió antes de tiempo. En Puebla, delatado el acopio de armas, la policía cercó hace dos días la casa de don Aquiles Serdán, correligionario de Madero; la familia entera resistió a tiros el asalto de policías y soldados, y Serdán, escondido en un sótano de su propia casa, fue muerto al ser descubierto. Su hermana Carmen, cuentan los que llegaron de allá, peleó como cualquiera de los hombres. En Chihuahua se reportan alzados en la sierra: se cita al arriero Pascual Orozco, por el distrito de Guerrero, y a un tal Pancho Villa por el rumbo de San Andrés, con partidas de rancheros armados.

El gobierno resta importancia. Treinta años lleva el general Díaz gobernando este país, con paz de ferrocarriles y de bancos, de haciendas inmensas y de jornaleros sin tierra. Este mismo año celebró el Centenario con embajadas del mundo entero, y a un periodista extranjero le había dicho, se recuerda, que México estaba ya maduro para la democracia. Vino luego la campaña del señor Madero, un hacendado de Coahuila que recorrió la república predicando el voto libre ante multitudes nunca vistas; vino la cárcel de San Luis, vino la reelección consabida, y de allí esta conclusión: donde no se abren las urnas, se abren los cauces de la fuerza.

En las calles de esta capital potosina la jornada transcurrió en calma tensa: patrullas dobladas, corrillos en los portales, prensa vigilada. Los partes oficiales hablan de gavillas de bandoleros y prometen pronto escarmiento; los viajeros que bajan del norte describen otra cosa: rancheros que conocen cada cañada, jefes a quienes la gente saluda por su nombre, y una palabra, revolución, que ya no se pronuncia en voz baja. Se dice que en varias ciudades los comprometidos aplazaron el golpe al saberse descubiertos, y que otros esperan la noche. Entre la Puebla enlutada de los Serdán y la sierra alzada de Chihuahua, el país contiene el aliento.

Sería cómodo repetir con los ministros que esto es un motín más, y este diario ha visto sofocar muchos. Pero hay señales que no engañan. Los motines tienen caudillo y precio; esto tiene fecha, plan y una palabra que cualquier peón entiende: sufragio. El general Díaz ha vencido siempre; también es verdad que nunca se había alzado contra él la esperanza, que es enemiga que no se fusila. No sabemos qué traerán las semanas próximas. Sabemos que hoy, veinte de noviembre, algo se puso en marcha en México, y que no tiene traza de detenerse en la primera plaza tomada.